Cómo afecta el estrés al conducir en ciudades con alto tráfico
Manejar en ciudades con alto tráfico, como Santiago, se ha convertido en una experiencia cotidiana que muchas veces va más allá de un simple traslado.
Bocinas constantes, congestión vehicular, semáforos que parecen eternos y conductores impacientes forman parte de un escenario que, sin darnos cuenta, puede elevar significativamente los niveles de estrés.
Aunque suele normalizarse, conducir bajo estrés no es un detalle menor, ya que influye directamente en la forma en que reaccionamos, aumentando la probabilidad de cometer errores y provocar accidentes.
¿Cómo influye el estrés en la conducción?
El estrés es una respuesta natural del organismo frente a situaciones que se perciben como desafiantes o amenazantes. Al conducir, factores como la presión por cumplir horarios, la congestión vehicular o la interacción con personas agresivas al volante pueden activarlo.
Cuando esto ocurre, el cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, generando alteraciones que afectan tanto el estado emocional como las capacidades cognitivas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas reacciones influyen en tareas que requieren de atención constante, como manejar.
A nivel físico, el estrés también se manifiesta a través del aumento del ritmo cardíaco, la tensión muscular y una respiración más acelerada. Aunque estos efectos pueden parecer leves, en la práctica influyen en el control del vehículo, ya que pueden generar movimientos más bruscos o una conducción menos precisa.
Uno de los efectos más comunes es la disminución de la concentración. Bajo presión, resulta más difícil procesar múltiples estímulos a la vez, lo que puede hacer que se pasen por alto señales de tránsito, peatones o cambios relevantes en el entorno.
A esto se suman conductas más impulsivas. En estas situaciones, es común reaccionar de forma agresiva o apresurada, por ejemplo, al acelerar bruscamente, cambiarse de pista sin señalizar o responder de manera hostil frente a otros.
También se ve afectada la toma de decisiones. En estas circunstancias, el cerebro tiende a privilegiar respuestas rápidas por sobre opciones más reflexivas, lo que aumenta el riesgo de subestimar distancias o interpretar de forma incorrecta el comportamiento de otros conductores.
Efectos del estrés en el tránsito
En ciudades con alta densidad vehicular, el estrés no solo impacta a nivel individual, sino que también influye en la dinámica general del tránsito. Cuando muchos conductores experimentan altos niveles de tensión, el entorno puede volverse más impredecible, lo que exige una mayor capacidad de anticipación.
Además, la exposición constante a estas condiciones puede generar un desgaste progresivo. El estrés sostenido en el tiempo puede derivar en fatiga mental, afectando la capacidad de reacción y disminuyendo la atención en trayectos cotidianos, especialmente en recorridos largos o en horarios punta.
En este contexto, también es común que aumenten los conflictos entre conductores. Situaciones como discusiones, bocinazos insistentes o maniobras imprudentes pueden escalar con mayor rapidez cuando hay altos niveles de tensión acumulada, generando un entorno más riesgoso para todos.
Frente a este escenario, es clave adoptar hábitos de conducción más conscientes. Planificar los desplazamientos, considerar tiempos adicionales y mantener una actitud preventiva ayudan a reducir el impacto del estrés. A esto se suma respetar las normas del tránsito y mantener una distancia adecuada con otros vehículos, lo que contribuye a un entorno más seguro y predecible.
¿Qué pasa si ocurre un accidente? La importancia del SOAP
A pesar de todas las precauciones, los accidentes pueden ocurrir. Por eso, además de promover una conducción más consciente, es importante contar con herramientas que protejan a las personas.
Uno de los elementos clave es el Seguro Obligatorio de Accidentes Personales (SOAP), exigido por la Ley N° 18.490. Este seguro entrega cobertura en caso de muerte, incapacidad —permanente, parcial o total— y gastos médicos derivados de un accidente de tránsito en el que participe el vehículo asegurado.
Tal como lo indica su nombre, el SOAP es una póliza de carácter obligatorio que todos los vehículos motorizados deben tener para circular por las calles del país.
Esta exigencia aplica a automóviles, camionetas, motocicletas, furgones, jeeps, station wagons, taxis, buses, vehículos de carga, carros de arrastre, remolques y casas rodantes, entre otros.
Debe contratarse antes del 31 de marzo de cada año, ya que es uno de los requisitos para renovar el Permiso de Circulación, junto con contar con la revisión técnica al día y no registrar multas de tránsito impagas.
Cuando ocurre un accidente de tránsito, el SOAP cubre a las personas que resulten lesionadas o fallezcan a raíz del hecho. Esto incluye al conductor, a los pasajeros y también a terceros afectados, como peatones o ciclistas.
Es importante recordar que manejar sin el Seguro Obligatorio de Accidentes Personales constituye una infracción grave a la Ley de Tránsito. En caso de ser fiscalizado por parte de Carabineros, el conductor arriesga una multa que va desde 1 a 1,5 UTM. Además, la autoridad puede retirar el vehículo y dejarlo a disposición del Juzgado de Policía Local. A esto se suma que no podrá renovar el permiso de circulación.
Más allá de las sanciones, lo más relevante es que, si ocurre un accidente, ni el conductor ni los pasajeros contarán con la cobertura que entrega este seguro. Recuerda que el SOAP, junto al Permiso de Circulación y la Revisión Técnica, son parte de las exigencias para cualquier vehículo en nuestro país, y puedes obtenerlo en hdi.cl.