Cómo reducir el ruido dentro de casa sin hacer remodelaciones
El ruido de la calle, las conversaciones de otras viviendas, los pasos del piso superior o incluso los propios electrodomésticos pueden terminar convirtiéndose en parte del día a día. Y aunque lograr una aislación acústica completa normalmente requiere intervenciones mayores, existen formas más sencillas de hacer que esos sonidos resulten menos molestos.
Antes de llevar a cabo cualquier cambio, conviene identificar de dónde viene principalmente el ruido. No es lo mismo escuchar constantemente el tránsito a través de una ventana que tener problemas con sonidos provenientes de una pared compartida o con el eco generado dentro de una habitación.
Una vez detectado el origen, algunos elementos que ya forman parte de la decoración pueden utilizarse para amortiguar los sonidos. Cortinas, alfombras, sofás, cojines y muebles con libros son ejemplos de objetos que pueden ayudar a que una habitación se sienta menos ruidosa.
Estas medidas forman parte de los pequeños cuidados que pueden hacer más cómodo el espacio donde se vive. A ello se puede sumar la protección frente a situaciones inesperadas que afecten la vivienda mediante alternativas como un Seguro Hogar.
Cortinas y alfombras pueden hacer más de lo que parece
Las habitaciones con pisos duros, grandes ventanales y pocas decoraciones suelen generar mayor sensación de eco. Esto ocurre porque el sonido rebota con facilidad entre superficies como muros, vidrios y pisos.
Incorporar materiales blandos ayuda a disminuir ese efecto. Una alfombra grande, por ejemplo, puede amortiguar el ruido producido por pasos, objetos que caen o muebles que se desplazan, además de reducir parte de la reverberación dentro de la habitación.
Las cortinas gruesas cumplen una función similar en las ventanas. No convierten una habitación en un espacio insonorizado, pero pueden ayudar a amortiguar parte de los sonidos provenientes del exterior y, al mismo tiempo, reducir el eco generado en el interior.
También pueden sumarse cojines, sillones tapizados, mantas o incluso elementos textiles en las paredes. La idea no es llenar cada espacio, sino evitar que todas las superficies sean duras y reboten el sonido.
Revisar por dónde está entrando el ruido
A veces el problema no está en la pared ni en el vidrio, sino en pequeñas separaciones alrededor de una puerta o ventana. Una rendija aparentemente menor puede convertirse en un punto por donde ingresan con facilidad los sonidos provenientes del exterior.
Por eso, una revisión sencilla de marcos, uniones y bordes puede ayudar a detectar estos espacios. Si existen pequeñas aberturas, se pueden tapar con burletes o tiras de goma para evitar que se cuelen los sonidos por allí.
También vale la pena mirar el espacio que queda bajo las puertas. Dependiendo de su tamaño, puede facilitar el paso de conversaciones, televisión u otros sonidos entre habitaciones.
En el caso de las ventanas correderas, es importante revisar el estado de sus sellos y comprobar que cierren correctamente. Con el uso y el paso del tiempo, algunos elementos pueden deteriorarse, dejando espacios que antes no estaban presentes.
Cómo la distribución de los muebles puede ayudar
La distribución de una habitación puede influir bastante en cómo se perciben los sonidos. Una pared completamente despejada, por ejemplo, ofrece una gran superficie sobre la que el ruido puede reflejarse.
Si el sonido proviene principalmente desde una vivienda contigua, colocar una estantería, un librero u otro mueble de buen tamaño contra esa pared puede ayudar a amortiguarlo. Los libros y objetos que contiene también aportan superficies de distintas formas y materiales que disminuyen parte del ruido.
No se trata necesariamente de comprar mobiliario nuevo. A veces basta con reorganizar lo que ya existe para cubrir aquellas superficies por donde se percibe con mayor intensidad el ruido.
También hay ruido que nace dentro de la casa
No todas las molestias vienen desde afuera. Refrigeradores, lavadoras, aspiradoras, equipos de climatización y otros aparatos también pueden generar sonidos o vibraciones que se transmiten hacia otras habitaciones.
Cuando un electrodoméstico comienza a sonar bastante más de lo habitual, conviene revisar si está correctamente apoyado, si existe alguna pieza suelta o si necesita mantención. Ignorar un ruido nuevo no solo puede resultar molesto, sino que también puede ser una señal de que algo no está funcionando como corresponde.
En otros casos, pequeñas protecciones en las patas de muebles y sillas pueden disminuir el ruido al desplazarlos. Lo mismo ocurre al evitar golpes constantes de puertas o cajones.
Si se trabaja o estudia desde casa, también puede ser útil escoger una habitación alejada de los principales puntos de ruido cuando la distribución de la vivienda lo permita.
Un hogar más tranquilo sin meterse en obras
Reducir el ruido dentro de una vivienda sin remodelar tiene ciertos límites. Si existe un problema importante de aislación en muros, pisos o ventanas, probablemente se necesitará una solución especializada para conseguir un cambio mayor.
Sin embargo, cuando el objetivo es disminuir molestias cotidianas, hay varias medidas que se pueden probar antes de llegar a ese punto. Incorporar textiles, revisar puertas y ventanas, reorganizar los muebles y controlar las fuentes internas de ruido puede hacer que los espacios se sientan más tranquilos.
Lo más práctico es comenzar por identificar qué sonido genera mayor molestia y desde dónde proviene. Así es posible concentrar los cambios en ese sector en vez de intervenir toda la vivienda.
Mantener la casa en buenas condiciones también permite detectar a tiempo pequeños problemas que pueden terminar afectando su comodidad. Junto con estos cuidados cotidianos, puedes cotizar tu Seguro Hogar en hdi.cl y revisar las alternativas disponibles según tus necesidades, con asistencia las 24 horas, todos los días del año.
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